Segundo asiento, tercer vagón

Cerrar las cortinas
parece la solución
ante esta afrenta
de sudor y sal.

La promesa
en la otra orilla
me atrae,
me saca de este trance
de cotidianidad.

Quizás allá me esperas

el mismo de ayer
o será que tu sombra
se hará muda
y sorda esta vez.

Pero ya es costumbre
este sueño
este balance
entre el error y el compañero
entre estación y andén.

Y estos murmullos
de uno
y de tantos
me distraen.

Me abandono
al compás de la estela
su gravedad
es superior a mis fuerzas
y sí.

Es él.

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